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Para recuperar nuestra soberanía


¿Verso diplomático o medidas antiimperialistas?

El 25 de febrero se aprobó la llamada “Declaración de Ushuaia”, impulsada por el gobierno nacional en la capital fueguina y ratificada por las Comisiones de Relaciones Exteriores del Congreso. El texto “reafirma la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur, insta al diálogo bilateral entre la Argentina y el Reino Unido y rechaza el colonialismo británico”. Pero esto no se acompaña de ninguna medida efectiva contra el invasor inglés y se insiste con el fracasado camino de la diplomacia.

A lo largo de estos treinta años, todos los gobiernos que hablaron de una “ratificación de soberanía”, pretendieron hacerlo en el terreno de la diplomacia capitalista, dominado por el imperialismo.
Con la UCR en el 1983 se despliega a toda bandera la política de desmalvinización para esterilizar la consciencia antiimperialista de nuestro pueblo.
Bajo el menemismo se firman los llamados “acuerdos de Madrid” en 1989/90 bajo la llamada “fórmula del paraguas”, en los que el gobierno argentino aceptaba claudicar en el reclamo de soberanía y se garantizaba la apertura comercial irrestricta al capital inglés.
Con el gobierno de la Alianza se profundizó la misma tónica política de servilismo político y entrega nacional.
Bajo el mandato K no se expresado ninguna modificación real en las relaciones con el imperio británico. Fue el invasor pirata el que profundizó su ubicación económica, con el montaje de equipos de exploración hidrocarbu-ríferas y el reforzamiento del blindaje militar de las islas.
Por eso, el balance de estas tres décadas de diplomacia bajo distinto formato pero siempre en el terreno del imperialismo británico es contundente: las islas siguen ocupadas por Inglaterra.


Una política antiimperialista para recuperar Malvinas
En 1982 frente al hecho concreto de la guerra, los socialistas revolucionarios de nuestra corriente no tuvimos dudas en cómo ubicarnos: en el campo militar de la nación agredida y confrontando contra el agresor neocolonial.
Por supuesto, lo hicimos desde la independencia política y a partir de una orientación con propuestas de antiimperialistas para ganar la guerra.
La dictadura genocida, al mando, fue incapaz de responder al desafío tal como incluso lo prueba el propio Informe Rattembach.
En la actualidad seguimos planteando: para recuperar Malvinas no sirve la diplomacia capitalista en los foros internacionales dominados por el frente pro-británico que encabezan los yanquis.
El terreno de la confrontación antibritánica es la guerra económica en primer lugar, con el no pago de la deuda externa a bancos de origen inglés u organismos asociados políticamente; con medidas de expropiación de las empresas de ese origen; es la ruptura total de relaciones con ese país y sus aliados, expulsando de nuestro territorio a sus representantes -y retirando los nuestros del suyo– y la anulación de pactos de toda naturaleza; es por la vía de desarrollar la movilización solidaria continental para acabar con la ocupación neocolonial de Malvinas y continuar hasta terminar con todas las bases militares imperialistas en la órbita de América encaminando a nuestro pueblo hacia la segunda y definitiva independencia.
En esto, nuestra fuerza política tiene un compromiso antiimperialista y anticapitalista consecuente.
 Mariano Rosa